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  • Jorge Ceballos

Un reencuentro con nuestra casa




El Coronavirus es un fenómeno sin precedentes del cual no podemos escapar. Día a día nos invaden noticias hablando de aumento en el número de casos, de nuevas medidas a tomar en cuenta, de consecuencias económicas hacia el futuro, etc. Además de compartir la exposición a este constante flujo de información también nos une otra condición: el encierro.


Los distintos gobiernos nos han dado la instrucción de permanecer en casa y restringir nuestras salidas a lo estrictamente necesario. Es bien sabido que esta medida se ha propuesto como un medio para evitar la propagación del virus. El tiempo presente nos ha impuesto la reclusión en los hogares sin que lo esperáramos.


Inicialmente notamos que no estábamos acostumbrados a pasar tanto tiempo en nuestras viviendas. Los ritmos de vida actuales nos desprendían una y otra vez del hogar que buscábamos construir. Nos esforzábamos por adecuar una vivienda en la que pasábamos una mínima parte de nuestro día. Sin embargo, todo esto lo ha frenado la pandemia y nos ha enfrentado con un lugar que creíamos cercano.


Nuestra casa ha dejado de ser ajena. Inesperadamente nos estamos vinculando a ella como nunca antes gracias al tiempo que pasamos ahí. Y al igual que sucede con las personas, el contacto constante y prolongado nos puede hacer odiarlas o amarlas. Estamos de frente con los espacios que hemos adaptado y en este momento vivimos las consecuencias de lo que les hemos hecho. Al final, son un espejo en el cual mirarnos.


El estar tan lejanos tanto tiempo ha provocado que nuestro hogar no sólo sea ajeno, sino un extraño. Estamos encerrados en este lugar que no conocíamos realmente, que sólo mirábamos por encima. Es ahora cuando realmente valoramos al espacio que habitamos. Debemos pasar de la indiferencia a la reconciliación. A un nuevo amor por el hogar que nos lleve a moldear un espacio en el cual se desenvuelva nuestra vida. Es momento de redescubrir nuevos modos de existir en casa.


En esta nueva percepción, hemos tenido que agregar usos a nuestro hogar. El comedor se ha vuelto oficina, muchas veces un coworking. La sala ha pasado de ser un lugar de reunión a formar un perfecto escenario para videoconferencias. La cocina ahora es un laboratorio de experimentación de recetas que antes nos provocaban curiosidad. Y la cochera ya no sólo es para almacenar nuestro carro, ahora es un gimnasio en el cual objetos cotidianos nos ayudan a estar en forma.


La construcción mental de nuestro hogar está cambiando gracias a la condición impuesta de permanecer encerrados. Es esta nueva realidad el factor que nos ha orillado a encontrar nueva vida en los espacios. Por lo tanto, hemos re entendido la manera en que podemos habitar nuestra casa. Esta nueva relación con el hogar es un interesante aprendizaje que no esperábamos, al final algo bueno debe haber en la pandemia.



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Imagen al inicio: Morning Sun (1952). Edward Hopper



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