Jorge Ceballos

pre candidato a intendente de la matanza por proyecto sur. pino solanas 2011. Movimiento Libres del Sur

No pudieron meter el genio en la botella.

El genio del 2001 sigue vivo

El genio del 2001 sigue vivo

Del 2003 a los resultados de las elecciones del 28 de junio del 2009.

Por Isaac Yuyo Rudnik.

Poco tiempo después de asumir su mandato en el año 2003 Néstor Kirchner convocó a nuestro Movimiento a incorporarnos a su gestión de gobierno, haciendo lo mismo con otros Movimientos Sociales y Sindicales hermanos con los que habíamos compartido la primera línea en las luchas contra el modelo neoliberal en sus variantes menemista, aliancista, y duhaldista. Luchas que produjeron las históricas jornadas de diciembre de 2001, continuaron a lo largo de 2002 y principios de 2003, permitiéndonos recuperar nuestra dignidad como pueblo y como nación, y en las que una buena cantidad de hombres y mujeres dejaron su vida participando en mil y un actos heroicos, enfrentando la represión con la que, en el tramo final de aquél modelo nefasto, sus administradores moribundos pretendieron frenarnos. Las reivindicaciones de pan, trabajo, recuperación de los salarios depredados por la inflación y las rebajas nominales, y de los ahorros robados por banqueros-delincuentes protegidos por los gobiernos de la Alianza y de Duhalde, permitieron unir en una sola pelea al campo popular en su conjunto.

El Kirchnerismo y los Movimientos Sociales

La debacle del duhaldismo abrió el camino para la inesperada instalación de un gobierno que expresaba a un amplio espectro de sectores decididos a resistir la profundización del modelo neoliberal. La incorporación a esa alianza de la mayoría de los Movimientos Sociales Antineoliberales se dio entonces como una consecuencia natural de lo que ella representaba, y contribuyó a darle legitimación y genuinidad. A su vez para nuestros Movimientos no fue sólo una cuestión de acuerdo programático, sino una expresión de lo que percibíamos en el territorio, los colegios, facultades y lugares de trabajo, en los que gradualmente crecía un firme sentimiento de adhesión en algunos, esperanzas y/o expectativas positivas, más o menos fuertes o moderadas, en otros.

Este protagonismo de los Movimientos Sociales junto a la denuncia de las estructuras políticas tradicionales como cómplices del modelo neoliberal, fueron elementos distintivos de la Alianza Antineoliberal Kirchnerista, que le proporcionaron una diferencia cualitativa respecto a todos los que habían llegado al gobierno desde el regreso de la democracia en 1983. Algunos hechos como el discurso de Néstor Kirchner en marzo de 2004 en la ESMA, pidiendo perdón en nombre del Estado y la democracia recuperada, por el sostenimiento de la impunidad del genocidio de la dictadura, marcaron un punto de ruptura y contribuyeron a fogonear la esperanza, despertando más de una polémica.

Por su parte la derecha descargó una batería de argumentos falaces que iban desde las acusaciones de clientelismo hasta el peligro del desorden que los movimientos sociales conllevaban, pasando por la ridiculización y demonización mediática de varios de sus dirigentes. Desde la izquierda hubo también argumentos varios: acusaciones de “cooptación y/o compra por cargos”, aparición de debates que confundían autonomía con abstinencia política, o que disfrazaban diferencias políticas en falsos ejes. Aun cuando el protagonismo e influencia real de los Movimientos Sociales en el gobierno fueron siempre muy limitados y disminuidos respecto a lo mucho que le aportaban en legitimidad antineoliberal, si revisamos los debates de esos años, veremos con nitidez que la derecha en sus diferentes versiones, invirtió mucho más en cuestionar esta participación que en sus desacuerdos programáticos, porque percibía que sin lugar a dudas allí estaba el germen de lo distinto, allí permanecía vivo el genio que había emergido con la fuerza incontenible de la unidad en aquellas históricas jornadas de diciembre de 2001. Si el kirchnerismo perseveraba en su objetivo de construir una nueva referencia política “transversal” que abarcara lo mejor de las identidades políticas hasta ahí predominantes, era obvio que los Movimientos Sociales, Sindicales y de Derechos Humanos deberían tener un fuerte protagonismo en su desarrollo. Y en sus primeros pasos, el kirchnerismo dio algunas señales de que avanzaría en esa dirección.

No por casualidad entonces, para los monopolios de adentro y afuera del gobierno y sus primos cómplices de los multimedios, uno de los objetivos principales en los dos primeros años de kirchnerismo fue desprestigiar a los Movimientos Sociales ante la sociedad, promover la división entre los trabajadores ocupados y desocupados con las clases medias, y presionar al gobierno para que los saque o aísle de cualquier lugar de decisión en el estado.

2005: El punto de inflexión

Este aspecto –como tempranamente lo detectó la derecha- fue uno de los ejes principales en disputa con proyección estratégica de esta primera etapa, y es donde la conducción kirchnerista mostró sus primeras flaquezas. Al principio, incipientemente, con la resistencia a incorporar mas actores provenientes de los Movimientos Sociales, Sindicales, de DDHH y/o de figuras representativas de sus ideas y aspiraciones a lugares de influencia real en las administraciones nacionales, provinciales y municipales; y luego, mayor con claridad a partir del triunfo electoral de 2005, con el inicio del camino de regreso al justicialismo. Este fue el punto de inflexión, el momento decisivo en el que la conducción kirchnerista llegó a una encrucijada con dos caminos posibles, pues hasta allí sólo había uno: resolver los problemas más acuciantes heredados de la crisis en medio de la cual llegó al gobierno, para lograr un mínimo de estabilidad económica y política. Y ese piso se alcanzó después del triunfo electoral del 2005. En esa situación de máximo consenso alcanzado, iba quedando claro que aun encontrándose a la defensiva, la derecha política y económica no cesaría en sus intenciones de pelear contra el modelo nacional en curso, y que su propaganda destinada a destruir la unidad entre los diferentes sectores del campo popular conseguida entre el 2001 y el 2003 empezaba a dar sus primeros resultados. Las clases medias se molestaban por el “desorden” que producía la persistencia de las manifestaciones callejeras, y ya se sentían fuertemente atraídas por discursos que ponían el acento en la “seguridad” produciendo fenómenos como el de Blumberg. Frente a este panorama presente y futuro se hacía indispensable para defender el camino emprendido, la construcción de una nueva identidad política y una nueva organización que la representara. Construir una nueva identidad significa confrontar, marcar la cancha de lo que se quiere representar y de lo que no se quiere representar, de lo que queremos que esté adentro y lo que queremos tener afuera. Sin embargo se optó por el camino –suicida- de limar asperezas con los que nos habían enfrentado convocándolos a ser parte de la construcción kirchnerista (y en muchos casos de la propia conducción). Estas ideas de limitar al mínimo indispensable el protagonismo de los Movimientos más combativos, y cederles un lugar protagónico a representantes de la política tradicional del PJ, de la UCR, y de las derechas provinciales, probablemente consecuencia de límites ideológicos insalvables, fueron profundamente equivocadas. Significaron, entre otras cosas, la renuncia a la construcción de una nueva identidad política, e instalaron en el corazón de la dirección del Proyecto Nacional el huevo de la serpiente que condujo a una cadena de errores, que culminaron en el fracaso parlamentario para imponer la resolución 125 y su heredera directa, la derrota electoral del 28 de junio.

Los límites del modelo kirchnerista

Bajo el objetivo de construir un “capitalismo en serio” el programa kirchnerista se fue desarrollando con avances interesantes que le dieron un sesgo antineoliberal en algunos campos, mientras en otros mantenía rasgos estructurales consolidados en los noventa. En un contexto de fuerte crecimiento económico con favorables condiciones en el mercado internacional para nuestros productos tradicionales, apoyados en el impulso de la integración regional, con el mercado interno como dinamizador fundamental de la economía nacional, estableciendo una relación cualitativamente distinta a la que teníamos en los noventa con el poder financiero (renegociación de la deuda externa con importante quita, autonomización de las directivas del FMI), se produjeron consecuencias beneficiosas para un espacio importante de los sectores populares que recuperaron su trabajo, parte de sus salarios depreciados, alcanzaron jubilaciones dignas, mejoraron en pequeña medida las posibilidades reacceso a la educación y a la salud públicas. Pero los límites estuvieron marcados por un modelo que si bien tuvo todos esos elementos sumamente positivos, no afectó la distribución proporcional de una riqueza nacional que fue creciendo, pero mantuvo las desigualdades instaladas en las décadas neoliberales. Manifestaciones flagrantes de esto, entre otras, fueron la negativa a avanzar en una reforma que cambiara el regresivo sistema impositivo vigente, la continuidad de la entrega a las multinacionales de nuestros recursos naturales, la debilidad de las políticas activas dirigidas hacia un tercio de nuestra población que aun hoy, se mantiene por debajo de la línea de pobreza, de la cual una porción no pequeña está en condiciones de indigencia.

Aunque no fueron éstos los elementos contradictorios del modelo kirchnerista que iniciaron el deterioro de su credibilidad entre los sectores populares, sino las actitudes regresivas en la construcción de su representación política, es dable ver en el devenir de los seis años de este gobierno, que un modelo que marca límites precisos al proceso de distribución de la riqueza, no puede promover la participación y el protagonismo de los Movimientos Sociales y de los sindicatos nucleados en la CTA, pues inevitablemente éstos cuestionarían y/o condicionarían esta orientación. De allí la búsqueda de apoyo en el PJ y la burocracia sindical de la CGT, preparadas para hacer “el trabajo” que vienen haciendo –sobre todo el PJ- desde décadas: contener a los sectores más necesitados mediante una batería de herramientas asistencialitas-clientelitas, combinada con la producción de candidatos que adoptan diversos disfraces de acuerdo a cada circunstancia. Probablemente cuando desde el kirchnerismo se abordó esta estructura, algunos tuvieron la intención de remozarla, limándole las aristas mas evidentemente emparentadas con el modelo neoliberal del que había sido su fiel ejecutor. Pero si lo que se buscaba de ella eran su capacidad de contención y su supuesta experiencia para ganar elecciones, era imposible transformar su columna vertebral corrompida hasta la médula, para intentar “utilizarla” en pos de resultados favorables a los intereses populares.

A fines del 2006, a un conjunto de Movimientos Sociales y Sindicales en el gobierno, nos fue quedando claro que no había una estrategia de crecimiento gradualista que condujera a una mayor participación e influencia de los sectores mas combativos, y mucho menos una política de construcción política autónoma de las estructuras tradicionales, sino todo lo contrario: se fueron desarmando los mojones iniciales que habían sido plantados hasta ese momento con ese contenido. O sea que buscaban meternos en un frasco de formol para mostrarnos y sacarnos de la exhibición de acuerdo a las conveniencias del momento político. El resultado fue una pobrísima representación en las listas de candidatos para las presidenciales de 2007, donde las figuras del PJ tuvieron una presencia dominante.

Llegamos a ese proceso electoral con la identidad política diluida, fuertemente ligada al PJ, con la adhesión y participación en el Frente para la Victoria de dirigentes de la derecha radical y de las derechas provinciales, lo que contribuyó a un resultado que si bien fue triunfante, mostraba el desgaste acumulado. La ausencia de una identidad política propia y de una organización que defendiera los logros del modelo en curso, y también explicara las razones de sus límites coyunturales –si estos eran realmente coyunturales y no formaban parte de su propia estructura – desde la cual se pudiera afrontar las futuras e inevitables confrontaciones, empezaba a mostrar graves consecuencias. A esa altura a los Movimientos Sociales nos habían dejado definitivamente afuera de la construcción política kirchnerista, mientras el activismo progresista que lo había acompañado hasta allí se alejaba o desconfiaba cada vez más. La Alianza Kirchnerista había perdido el plus que en un principio le dio la participación de los sectores más combativos, y se había convertido en un conglomerado de participantes con intereses contrapuestos, que dependía únicamente de la habilidad de la máxima conducción para la administración de sus contradicciones. En medio de esta confusión, sin un alma política unificadora que no fuera la gestión gubernamental, llegamos a la confrontación por la resolución 125 donde afloraron todas estas dificultades, posibilitando que una derecha en proceso de recomposición, después de mucho tiempo pudiera volver a golpear con efectividad.

Del fracaso en la 125 a la derrota electoral del 28 de junio

De allí en más la profundización de los errores aceleró la caída libre. El resultado del 28 de junio lejos estuvo de ser sorpresivo y deja algunas conclusiones. Los fríos números demuestran que el PJ no es una máquina electoral imbatible en la provincia de Buenos Aires; que los intendentes arrastran un fuerte desprestigio y que el corte de boleta a favor de ellos no fue un elemento determinante en el triunfo de De Narváez. Por lo tanto es claro que la base principal del kirchnerismo –los sectores más humildes del segundo cordón- no lo votó con la extensión y profundidad esperada. Seis años de gobierno sin soluciones para los más postergados que continúan sin trabajo, cobran subsidios miserables y asisten a hospitales y escuelas públicas que brindan un servicio con muy pocas mejoras, les hacen sentir y pensar que los pocos logros que les llegaron son el techo y no un piso en superación gradual, y que ha pasado demasiado tiempo para continuar adhiriendo incondicionalmente sin ningún argumento coherente que explique esta situación.

La derecha no escatimó esfuerzos, jugó todo lo que tenía y podía, y consiguió un triunfo que prefigura el proceso hacia las próximas presidenciales. Obviamente que viene para buscar revertir los avances logrados desde el 2003 a la fecha. Pero una cosa es lo que quiere la derecha y otra muy distinta es la explicación de porque perdió el gobierno. El kirchnerismo perdió por sus errores y no por sus aciertos. Perdió por sus límites para profundizar el modelo que puso en marcha en 2003, perdió porque no construyó una identidad y una organización políticas nuevas que pusieran el cuero para sostener los aciertos, corregir los errores, resistir las presiones regresivas, y profundizar el camino emprendido. Desde Libres del Sur advertimos que el fracaso en la pelea por la 125 había dejado en claro que el kirchnerismo ya no es la herramienta idónea para detener el avance de la derecha, y seguir construyendo un Modelo Nacional y Popular.

No nos alegramos por la derrota electoral de Néstor Kirchner el 28 de junio, y nos dejó un sabor amargo la escena de los fachos de Macri, De Narváez y Solá festejando. Pero sí nos alegramos –y mucho- porque con los resultados de Pino Solanas en Capital, de Martín Sabbatella en provincia y votos sumados en distintas provincias, nos acercamos al millón de votos en todo el país. Votos que aun cuando hoy no están unificados bajo una sola propuesta política, son de oposición por izquierda del kirchnerismo, que sientan las bases para resistir los intentos regresivos de la derecha. Está claro que a la izquierda de Kirchner había mucho más que una pared, como afirmaban algunos. Hay un espacio político ancho y profundo, maduro para la construcción política que permita no sólo resistir los intentos regresivos, sino también proponer alternativas superadoras.

El genio del 2001 sigue vivo, sigue buscando desarrollar una alternativa democrática y combativa, que nos permita construir la democracia radicalizada que nos merecemos, que vaya mucho más allá de la “seriedad capitalista”. No pudieron meternos en un frasco y dejarnos olvidados por ahí, para exhibirnos de vez en cuando como una curiosidad del pasado. Estamos mas presentes que nunca para decir que tampoco podrá con nosotros la derecha.

Isaac Yuyo Rudnik

Movimiento Libres del Sur

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Un comentario a “No pudieron meter el genio en la botella.”

  1. fabian dice:

    yuyo. sos un tipo que permite a la juventud crear otra visión de la realidad, o simplemente ayuda a profundizar nuestra incipiente militancia, pero también tus reflexiones nos nutre y nos da suficientes herramientas para discutir con los cumpas y ante la sociedad con argumentos solidos y poéticos. gracias por estas lineas

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