Por Jorge Ceballos
Allá por fines del año 2006, en declaraciones que efectué en un reportaje que me efectuara el diario La Nación y siendo todavía subsecretario del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, califiqué al Intendente de Merlo y a varios intendentes del conurbano como impresentables, entre otros conceptos, que buscaban expresar la necesidad de un proceso de renovación política en la Provincia de Buenos Aires.
A raíz de dichas afirmaciones el citado intendente, Raúl Othacehé decidió denunciarme por el supuesto delito de injurias. Esto que puede sorprender a algunos no sorprende a los vecinos de Merlo que ven como todos los días se persigue por distintas vías a todos aquellos que critiquen al referido intendente.
A la audiencia de conciliación fijada oportunamente concurrí y lejos de retractarme ratifiqué todo lo dicho, en tanto era y es mi opinión.
El Juzgado Correccional interviniente desestimó la acción planteada por Othacehé, quien no conforme con dicha resolución apeló la medida. Ahora el Tribunal de Alzada acaba de confirmar la sentencia dictada en primera instancia.
Alguien tendrá que explicarle a Othacehé que estamos en democracia, que hay libertad de expresión y que los funcionarios son los primeros que deben dar el ejemplo aceptando las críticas. Yo no albergo esperanza que pueda entenderlo, está en su naturaleza autoritaria perseguir al que piensa distinto.







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