
- En la mira
Los robos a countries y barrios cerrados vienen siendo moneda corriente en los últimos tiempos. Las quejas que por largo tiempo se dirigieron hacia “esos insolentes seres” que viven hacinados en asentamientos y villas miserias aledaños, se tornaron en hondas preocupaciones ante la evidente sospecha de que “su enemigo” no estaba solo allí, sino adentro, muy adentro y no en el sentido maradoniano del término.
Hace unos días el futbolista “Roli” Zárate de Vélez sufrió el desvalijamiento de su casa ubicada en un country de La Reja y públicamente le apuntó a uno de los vigiladores del lugar.
Sin embargo, el más destacado de todos los hechos ocurrió el mes de marzo pasado. Fue el que tuvo como víctima/protagonista a un vecino del barrio privado de Tigre donde vive el intendente Sergio Massa… en primer lugar por la trascendencia mediática y política del que podríamos llamar el primer vecino del distrito y segundo por las características particulares que rodearon al caso.
En efecto un grupo muy bien organizado, vistiendo uniformes de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, llegó al lugar en lujosos vehículos, redujo con gran profesionalismo a personal de Prefectura que nadie explicó que funciones cumple allí, también al personal de seguridad privada y se dirigió directamente a la casa de un vecino, el que –según su versión- se resistió y disparó contra los delincuentes y obligó a la retirada de los mismos sin que pudieran ser aprehendidos por cierto.
Luego la policía puso en duda la conducta del vecino y sugirió que los maleantes estaban buscando un cargamento de droga en la casa de la supuesta víctima.
El intendente en sus declaraciones dejó trascender dos cosas: que el hecho era muy raro y que como había cámaras filmadoras en el lugar iba a ser rápido identificar a los autores. Esto último que resulta coherente pero hasta la fecha no ha sido corroborado.
Sintetizando podemos decir que las hipótesis más probables del hecho serían:
La participación en el delito de personas con experiencia y muy profesionales pudiendo tratarse de personal policial activo o retirado, o integrantes de alguna agencia de seguridad.
El objetivo de los mismos era obtener un botín cuyo dato y ubicación tenían perfectamente identificado puesto que dada la infraestructura desplegada y el “profesionalismo” antes mencionado no es dable de pensar que actuaron al boleo buscando plasmas, celulares o alguna pequeña cantidad de dinero.
La otra alternativa que se deduce por tratarse del domicilio del intendente de Tigre que públicamente viene mostrando diferencias políticas con el gobierno nacional y provincial es que se trate de un mensaje político mafioso.
Cualquiera fuera de todas estas hipótesis no deja de ser altamente preocupante la vinculación de los delitos con las mismas fuerzas de seguridad o las empresas privadas y más aún si como en el caso Cabezas y otros tantos ejemplos se buscan saldar internas políticas con la participación de la policía provincial, delincuentes o buchones asociados a las misma.
Indudablemente los residentes de los lujosos countries y barrios cerrados del Tigre tienen motivos para estar preocupados pero creo que todos los vecinos de la Provincia de Buenos Aires tenemos que “ocuparnos” del tema, cuya solución evidentemente no pasa por reformas de los códigos sino por realizar profundos cambios en las instituciones políticas, policial y judicial porque nadie tenga dudas que hechos como estos nos alertan de que estamos “durmiendo con el enemigo”.







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